miércoles, 11 de abril de 2012

CUENTO


EL ÁRBOL GENEROSO

Por: Shel Silverstein.


Había una vez un árbol, que amaba a un pequeño niño.

Y todos los días el niño venía, y recogía sus hojas, para hacerse con ellas una corona y jugar al rey del bosque.

Subía por su tronco y se mecía en sus ramas y comía manzanas.

Y ambos jugaban al escondite.

Y, cuando estaba cansado, dormía bajo su sombra.

Y el niño amaba al árbol.... mucho.

Y el árbol era feliz.

Pero el tiempo pasó.

Y el niño creció.

Y el árbol se quedaba a menudo solo.

Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo:
-          “Ven, niño, súbete a mi tronco y mécete en mis ramas  y come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz”.

-          “Ya soy muy grande para trepar y jugar”, dijo él.
-      “Yo quiero comprar cosas y divertirme. Necesito dinero. ¿Podrías dármelo?

-          “Lo siento”, dijo el árbol, pero yo no tengo dinero. Solo tengo hoja y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz.
Y, así él subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó.


Y el árbol se sintió feliz.


Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía… y el árbol estaba triste.


Y entonces, un día, regreso y el árbol se agito alegremente y le dijo:
-          “Ven, niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y se feliz”.

-          “Estoy muy ocupado para trepar arboles” dijo él.
-          “Necesito una casa que me sirva de abrigo”. “Quiero una esposa y unos niños, y por eso quiero una casa, ¿puedes tú dármela?

-          “Yo no tengo casa”, dijo el árbol, pero tú puedes cortar mis ramas y hacerte una casa. Entonces serás feliz.

Y así el corto sus ramas y se las llevó para construir su casa.

Y el árbol se sintió feliz.

Pero paso mucho tiempo y su niño no volvía.

Y cuando regresó, el árbol estaba feliz que apenas pudo hablar.
-          “Ven niño” susurró “ven y juega”.

-          “Estoy muy viejo y triste para jugar” dijo él.
-          “Quiero un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes dármelo?

-          “Corta mi tronco y hazte un bote”, dijo el árbol. Entonces podrás navegar lejos… y serás feliz”.

Y así corto el tronco y se hizo un bote y navegó lejos.

Y el árbol se sintió feliz… pero no realmente.

Y después de mucho tiempo su niño volvió nuevamente.
-          “Lo siento niño”, dijo el árbol, “pero ya no tengo nada para darte, ya no me quedan manzanas”.

-          “Mis dientes son débiles para comer manzanas” le contestó.

        “Ya no me quedan ramas” dijo el árbol, “tu ya no puedes mecerte en ellas”.

-          “Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas” respondió él.

-          “Ya no tengo tronco” dijo el árbol, “tú ya no puedes trepar”.

-          “Estoy cansado para trepar” le contestó.

-          “Lo siento” se lamentó el árbol, “quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Soy solo un viejo tocón. Lo siento…”

-          “Yo no necesito mucho ahora”, contestó él, “solo un lugar tranquilo para reposar. Estoy muy cansado.”

-          “Bien” dijo el árbol reanimándose, “un viejo tocón es bueno para sentarse y descansar. Ven niño, siéntate. Siéntate y descansa”.

Y él se sentó.

Y el árbol fue feliz.

FIN

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